En el valle de Ossau, el canto refleja el alma del Bearn, su historia, sus tradiciones, sus leyendas… El canto de Ossau, una tradición viva
El canto de Ossau ocupa un lugar fundamental en la vida cultural del valle de Ossau. Transmitido de generación en generación, acompaña numerosos momentos de convivencia en las fiestas del pueblo, bodas, eventos deportivos o simples reuniones entre amigos y familiares.
Las canciones evocan el amor, la naturaleza, la montaña, la vida pastoral o incluso los recuerdos de la guerra, y suelen estar impregnadas de nostalgia y melancolía, lo que refleja un profundo apego al territorio y a sus tradiciones.
Así, el canto de Ossau sigue siendo un elemento vivo y aglutinador, en el corazón de la cultura local. Entre tradición y renovación, sigue uniendo a las generaciones y haciendo vibrar todo un valle al ritmo de sus melodías.
De la monofonía a la polifonía
Antiguamente interpretados en monofonía hasta mediados del siglo XIX, han evolucionado progresivamente hacia la polifonía, que hoy en día es una característica principal de este repertorio.
Generalmente cantadas por coros de hombres, reúnen a los habitantes en torno a una misma pasión.
Desde las melodías bearnesas más antiguas hasta las composiciones contemporáneas, el canto de Ossalois se interpreta tanto a capela como en versiones más rítmicas acompañadas de instrumentos.
Grupos emblemáticos y un renacimiento cultural
Varios grupos emblemáticos perpetúan esta tradición.
Entre ellos, Los de Laruntz (de Laruns) y Lous Amics de Bielle se esfuerzan por mantener vivos los cantos tradicionales. Otras formaciones, como Esta o Jean-Luc Mongaugé, proponen creaciones originales en la lengua del país, enriqueciendo así el repertorio.
Hoy en día, se observa un auténtico renacimiento polifónico con la aparición de numerosos grupos de jóvenes como Qui d’Ey, Arudy Cant’Aussau, Natseipas, Holia, Las Campanetas o Per Amor.
Esta nueva generación contribuye activamente a mantener viva y hacer evolucionar esta práctica, reforzando así la identidad cultural del valle.
El canto en las fiestas de pueblo
Las fiestas de pueblo constituyen el marco ideal para esta expresión musical. Organizadas principalmente en verano, representan una tradición viva, transmitida ininterrumpidamente desde hace siglos.
Lejos de ser un simple folclore, encarnan la identidad profunda del valle. Su desarrollo suele ser similar de un pueblo a otro, aunque cada localidad conserva sus particularidades.
Las serenatas de Ossal
El día comienza temprano con las «serenatas de Ossal».
Los jóvenes, vestidos con trajes tradicionales y acompañados de músicos que tocan flautas, panderetas y violines, recorren el pueblo de casa en casa.
A cambio de donativos, ofrecen edelweiss, llamadas localmente «las inmortales», recogidas en la montaña los días anteriores.
Misa y trajes tradicionales
A continuación tiene lugar la misa solemne, un momento culminante en el que se rinde homenaje a los trajes de Ossalois: pantalones negros, calzas beige y chaquetas escarlatas para los hombres, y capuchas de seda roja para las mujeres.
Los cánticos se entonan a menudo en polifonía, lo que refuerza la dimensión espiritual y cultural de la celebración.
Bailes y desfiles festivos
Al salir de la iglesia, se forma un desfile en la plaza, encabezado por los músicos. Este marca el inicio del baile de Ossal, donde primero se bailan los saltos tradicionales, el Monein, el Montchicou y la Crabe, antes de continuar con el Baish.
Por la noche, las festividades concluyen con un desfile (o «passe-carrère») en el que los vecinos y los músicos recorren las calles cantando y tocando, convergiendo hacia la plaza del pueblo en un ambiente festivo.
La gran cantère de Laruns
A primera hora de la tarde, durante las fiestas del 15 de agosto, todos se reúnen bajo la lonja para la gran cantère.
Las voces se alzan al unísono para celebrar el reencuentro y la identidad bearnesa, antes de que los participantes continúen la fiesta en los cafés y las casas, sin interrumpir nunca los cantos.
Las fiestas emblemáticas del valle
Algunas fiestas son especialmente representativas, en particular las de Aas, Bielle, Laruns y Béost, que han sabido conservar una gran autenticidad.
En Laruns, el 15 de agosto marca un momento emblemático: el pueblo se convierte en la capital del «Pais de las cantes» (el país de los cantos).
Los instrumentos de la tradición de Ossau
La música tradicional del valle de Ossau se basa en un conjunto de instrumentos emblemáticos, cuyo uso se ha transmitido a lo largo de los siglos. Indisociables de las fiestas y las reuniones locales, acompañan los cantos y los bailes, perpetuando una fuerte identidad musical.
La flauta y la pandereta, un dúo ancestral
Muy extendido tras la Segunda Guerra Mundial, el dúo formado por la flauta y la pandereta ha sabido conservar en el valle de Ossau su forma más antigua.
La flauta, llamada «fleuto», es un instrumento sencillo pero cargado de historia.
Fabricada a partir de un tubo de madera de boj, tiene tres agujeros y está provista de un silbato en la embocadura.
Los hallazgos realizados en las cuevas prehistóricas de Oxocelaia, en el País Vasco francés, sugieren que este tipo de flauta se remonta al Neolítico, lo que la convierte en un instrumento de gran antigüedad.
El tamboril, por su parte, se compone de una larga caja de resonancia tallada en madera —a menudo de arce o de árboles frutales como el manzano, el cerezo o el nogal—. Sobre esta caja se tensan seis cuerdas, afinadas en quinta. Apareció probablemente en la Edad Media en el valle de Ossau, y su fabricación y uso se transmiten de generación en generación. Hoy en día existen diferentes formas de panderetas, más grandes o más pequeñas, especialmente en Soule y en el Alto Aragón.
El conjunto formado por estos dos instrumentos se denomina «tambouri», y al músico que lo toca se le conoce como «tambourinayre».
El violín, un compañero histórico
Presente en Bearn desde principios del siglo XII, el violín vino a enriquecer este conjunto tradicional acompañando al tambourinayre. Durante mucho tiempo, ocupó un lugar importante en la música de Ossau.
Sin embargo, su uso ha ido disminuyendo progresivamente con el paso del tiempo. Desde el fallecimiento en 1949 de Jean-Louis Haure, conocido como «Jean de Naügen», considerado el último gran violinista del valle, este instrumento es hoy en día cada vez más raro en la práctica local.
El acordeón diatónico, una modernidad adoptada
Inventado en 1829 en Austria, el acordeón diatónico se ha extendido por numerosas tradiciones musicales de todo el mundo. En el valle de Ossau, hizo su aparición hacia 1900 y se integró rápidamente en las formaciones existentes, a veces como complemento del dúo de tamboril y violín.
Su popularidad se debe, sobre todo, a su facilidad de uso y a la estabilidad de su afinación, que no requiere ajustes frecuentes. Poco a poco, ha sustituido al violín en las prácticas musicales locales, convirtiéndose en un instrumento central del repertorio de Ossau.